Descubre los secretos de Granada

Granada, una ciudad sorprendente

Los perfumes de Granada: cuando el Albaicín olía a ámbar y almizcle

Cuando pensamos en la Granada nazarí, lo primero que viene a la mente es la Alhambra, los cármenes o el trazado laberíntico del Albaicín. Pero pocos saben que esta ciudad fue también una capital del perfume y la cosmética, donde los aromas formaban parte esencial de la vida cotidiana.

 

En los zocos de la ciudad, entre sedas y especias, se vendían esencias refinadas que llegaban de todo el mundo islámico. Almizcle, ámbar gris, rosa de Damasco, azafrán, jazmín o alhucema (lavanda) eran algunos de los ingredientes más valorados. Los perfumistas mezclaban estas sustancias con habilidad para crear aceites, pomadas, jabones aromáticos y hasta polvos perfumados para el cabello y la ropa.

 

Un arte que venía de lejos

El arte de la perfumería tenía profundas raíces en al-Ándalus, pero Granada llevó esta tradición a su máxima expresión. En los palacios nazaríes se perfumaban las estancias, se aromatizaban las fuentes con agua de rosas y se quemaban maderas olorosas como el áloe para crear ambientes envolventes.

 

Incluso los baños públicos —los hammam— eran espacios donde el perfume jugaba un papel clave: tras la limpieza ritual, se ofrecían aceites fragantes que dejaban la piel suave y perfumada durante días.

    Cosmética en el siglo XIV: un refinamiento olvidado

    Las mujeres granadinas, especialmente las de clases altas, utilizaban maquillajes naturales hechos a base de minerales molidos, henna para el cabello y uñas, y preparados para suavizar la piel con almendra y miel. El rostro se perfumaba con esencias florales y los ropajes se impregnaban con polvo de ámbar para dejar rastro al caminar.

     

    Todo este mundo de refinamiento se ha perdido en gran parte, pero algunos restos —como frascos de cristal, cucharillas de hueso o recetas médicas— nos permiten reconstruir ese universo sensorial donde la belleza y el olor eran símbolos de cultura, higiene y estatus.

    Un legado que sigue vivo

    Hoy, en las calles del Albaicín, aún se pueden encontrar perfumes artesanales que evocan aquellos aromas. Pasear por Granada no solo es un viaje por su historia visible, también lo es por su memoria invisible: la del perfume que una vez lo impregnó todo.

     

    ¿Sabías que la Granada medieval olía así?